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sábado, 14 de mayo de 2011

EN SINGAPUR DICEN QUE EL DINERO CAE DEL CIELO ...


La primera vez que su ex jefe de tesis le propuso a Gloria marcharse a Singapur, su respuesta fue negativa. Pero bastaron un par de conferencias en la pequeña ciudad-estado asiática para convencerla. Lleva dos años en el Instituto de Bioinformática que financia el propio gobierno del país y aunque tiene un contrato indefinido piensa en volver a España algún día; cuando pasen las turbulencias.


El periplo científico de esta química extremeña de 37 años comenzó en la universidad británica de York, donde se trasladó para completar su tesis sobre estudios computacionales. "No soy informática, pero sí utilizo programas de ordenador para simular modelos y pulir resultados biológicos", explica sobre su profesión; "colgué la bata por los ordenadores", bromea.


Su siguiente destino fue Holanda, la Universidad de Utrecht, donde pasó más de cuatro años dedicada al estudio de la resonancia magnética nuclear. "Aunque me entró la morriña y volví a Madrid", explica a ELMUNDO.es. Fue mientras trabajaba en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO) cuando le surgió la oportunidad de cruzar el planeta rumbo a Asia. Así que después de vencer las dudas iniciales decidió liarse la manta a la cabeza y trasladarse a Singapur.


"Una de las cosas que me convenció fue la situación de la Biología computacional aquí. A diferencia de Singapur, en España aún hay gente que no cree que los ordenadores puedan aporta alguna solución a problemas biológicos", explica. Otra diferencia palpable entre sus países de origen y de acogida está siendo el impacto de la actual recesión económica: "Aquí la crisis está siendo muy suave. Prácticamente el dinero te cae del cielo".


Diferencias sociales


Sin embargo, no cree que sea tan diferente investigar aquí que allí; "depende más de tu suerte o del sitio en el que te encuentres. Porque aquí no tengo problemas de financiación, pero tampoco los tenía en el CNIO", recuerda. A su juicio, los de Singapur son más problemas sociales que científicos propiamente dichos. "Aquí asumen que por el color claro de tu piel tienes un buen trabajo; la vida es más fácil que para un asiático, independientemente de que seas científico o no".


De hecho, aunque reconoce lo fácil que es adaptarse a la vida en Singapur ("la gente es muy acogedora y amable"), al final ha acabado, como muchos 'investigadores por el mundo', moviéndose con otros "extranjeros y expatriados" que disfrutan de un sueldo más alto que la población local ("incluso a con el mismo trabajo").


Mientras piensa en volver a España algún día ("aunque ahora no veo las cosas de color de rosa"), aprovecha para disfrutar su vida en Asia ("tardo 12 minutos en ir al trabajo") y para hacer turismo por los alrededores de la pequeña ciudad-estado cuando sus vacaciones se lo permiten. "No sé cuando volveré; ahora estoy bien aquí, pero no quiero quedarme para siempre", explica. Sus contactos científicos con antiguos colegas españoles le devuelven una situación no demasiado optimista, "así que no me obsesiona España, pero sí me preocupa cómo podré volver algún día".

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