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jueves, 20 de marzo de 2014

SUDÁFRICA Y EL MUNDO SEGUIMOS EL JUICIO DEL ATLETA PISTORIUS, POR LA MUERTE DE SU NOVIA


El caso es inusual no solo por la extraordinaria historia del protagonista, sino en términos legales. No corresponde a los rasgos típicos de la novela negra. La policía no ha tenido que obtener pruebas para demostrar cuándo ocurrió, ni dónde, ni cómo, ni siquiera quién lo hizo. Todo esto se sabe y el propio Pistorius lo ha reconocido. La única cuestión es, ¿por qué?
¿Qué estaba pasando por la cabeza del célebre atleta —“el hombre más veloz del mundo sin piernas”— cuando disparó cuatro balas a través de la puerta cerrada del baño de su casa, tres de las cuales acabaron con la vida de Reeva Steenkamp? ¿Supo perfectamente quién estaba detrás de la puerta, como pretenderá demostrar el fiscal? ¿Fue un crimen pasional? ¿O es verdad la versión de Pistorius, que mantiene que creyó haber estado disparando a un intruso, que actuó convencido de que se estaba protegiendo a sí mismo y a la mujer que amaba?
El atleta con piernas de titanio afirmó que disparaba a un intruso
El veredicto final dependerá en gran parte de si la fiscalía es capaz de reunir pruebas que demuestren que hubo una pelea entre Pistorius y Steenkamp justo antes de los disparos, o que justo después él actuó de manera sospechosa. Fuentes de la policía han indicado que tienen testigos entre los vecinos de Pistorius que oyeron gritos en la casa antes de los disparos; también que el deportista le contestó a un guardia de seguridad que le llamó por teléfono para ver qué ocurría que no se preocupara, que no pasaba nada. Se ha dicho, además, que la policía podría haber encontrado mensajes de texto incriminatorios en el teléfono móvil del acusado.

Pero al final todo dependerá de la credibilidad del propio Pistorius, la única persona que sabe con certeza lo que pasó. ¿Miente o dice la verdad? Lo decidirá el juez. O, mejor dicho, la jueza —otro ingrediente de la historia que pondría a prueba los límites de lo creíble en la ficción.

En tiempos del apartheid jueces blancos, siempre hombres, dictaban sentencia contra individuos negros. Hoy, 20 años después del fin de aquel sistema de racismo legalizado, se invierten los papeles. Una jueza negra posee en sus manos el destino de un hombre blanco rico y famoso. Thokozile Masipa tiene fama entre sus colegas en los tribunales de ser una persona afable, elocuente y ponderada. A primera vista, sin embargo, su nombramiento no parece ser una buena noticia para Pistorius. No porque sea negra —fue un héroe para blancos y negros sudafricanos y el sentimiento nacional sobre la culpabilidad o inocencia de Pistorius no se define en términos raciales— sino porque es mujer.

Una jueza negra posee en sus manos el destino de un hombre blanco y rico
Es palpable una mayor animosidad hacia Pistorius entre las mujeres que entre los hombres. Y no es difícil entender por qué. Sudáfrica es un país con un alto índice de criminalidad, número diez en el ranking mundial de homicidios —hubo una media de 45 por día el año pasado— y campeón mundial indiscutido en cuanto a violencia contra mujeres en países que no están en guerra. Las estadísticas demuestran que cada cuatro minutos se reporta una violación a la policía y cada ocho horas una mujer es asesinada por su pareja (el fenómeno incluso tiene nombre en Sudáfrica, “femicidio íntimo”).

 
Reeva Steenkamp / GETTY
En un país en el que las mujeres viven el día a día con una sensación aguda de vulnerabilidad física, muchos han identificado a Pistorius como símbolo de la maldad criminal masculina y a Steenkamp como símbolo de las mujeres que sufren las consecuencias. No se sabe si la jueza Masipa comparte esta opinión. Pero es probable que, por más que intente borrar de su mente cualquier prejuicio una vez que el juicio comience, hasta cierto punto sí lo comparta. En juicios anteriores se ha mostrado poco misericordiosa con hombres que atacan a mujeres. En 2001, por ejemplo, sentenció a dos violadores a condena perpetua, declarando: “Mujeres indefensas se sienten inseguras, incluso dentro del santuario de sus propios hogares, y esperan que estos tribunales protejan sus intereses. Los tribunales pueden proteger esos intereses con duras condenas”.

Siempre va a haber un elemento de subjetividad en el veredicto de un juez pero, por otro lado, nadie en Sudáfrica duda de la seriedad de Thokozile Masipa. Si el fiscal no reúne pruebas suficientes, “más allá de la duda razonable”, de que Pistorius asesinó a su novia, lo declarará inocente. El problema de Pistorius es que, en el mejor de los casos, de algo sí será encontrado culpable —como mínimo, de homicidio negligente—. Si no quiso matar a su novia, sí quiso matar a alguien. Supo que hubo un ser humano detrás de la puerta cuando disparó su pistola. Ante tal eventualidad la ley sudafricana ofrecería a la jueza una amplia gama de variantes: todas las posibles entre poner a Pistorius en libertad o condenarle a 15 años de prisión.
En cualquier caso, lo ocurrido esa noche de San Valentín no deja de ser una triste tragedia. Para Reeva Steenkamp y su familia, en primer lugar, pero para Pistorius también. Destrozó no una vida, sino dos. De la cumbre de la gloria Pistorius ha pasado a la ruina moral y emocional. Nunca recuperará su heroica reputación, nunca volverá a competir como atleta en los grandes escenarios y, pase lo que pase en el juicio, está condenado a que el remordimiento le acompañe, sin posibilidad de consuelo, el resto de sus días.

La familia del atleta está muy conmocionada ante semejante drama .
Pictorius y su hermana a la salida de los juzgados.

lunes, 17 de marzo de 2014

OSCAR PISTORIUS SIGUE DEFENDIENDO SU INOCENCIA POR LA MUERTE DE SU GUAPA NOVIA .." YO CONFIO EN ÉL"

«Dios, déjala vivir, no dejes que muera», suplicó Pistorius junto al cadáver de Reeva
Poco después de escuchar varios disparos procedentes de la casa de Óscar Pistorius en el complejo de Silverwoods (Pretoria) el radiólogo Johan Stipp acudió hasta la residencia de su vecino. Encontró a un hombre de rodillas junto al cuerpo de una mujer, sin saber, entonces, que se trataba de Óscar Pistorius.

El atleta sudafricano le metía los dedos en la boca para tratar de reanimarla en vano. Stipp comprobó sus pupilas dilatas, sin pulso en el cuello, y el tejido cerebral que se derramaba desde una herida por el pelo. «Era obvio que había sido herida de muerte».

Por primera vez, el Tribunal Superior de Pretoria escuchaba el testimonio de un testigo directo de los fatales acontecimientos de la víspera de San Valentín, cuando Óscar Pistorius mató de cuatro disparos a su novia Reeva Steenkamp. El relato en vivo que al fin ponía cara a los personajes de aquella madrugada dramática.

«Recuerdo sus primeras palabras: La he disparado, pensé que era un ladrón. La he disparado», recordó Stipp entre los sollozos de los familiares y amigos de Reeva Steenkamp, mientras Óscar Pistorius se tapaba los oídos y comenzaba a llorar. Por un momento, el atleta pareció experimentar una náusea, y los alguaciles tuvieron que acercarle una bolsa de plástico por si fuera a vomitar, según relataron varios periodistas cercanos al banquillo de los acusados.

«Pienso que sus sentimientos eran sinceros. No paraba de repetir: Dios, déjala vivir, no dejes que muera». «Después, el hombre subió la escaleras y desapareció durante dos minutos –continuó el doctor-. Pregunté por la pistola; por un momento temí por su vida».

Stipp fue llamado por la Fiscalía, pero su testimonio dibujó el retrato de un hombre arrepentido y desesperado por las consecuencias de sus actos. Ese retrato casa con la versión de la defensa del atleta, que argumenta que Pistorius la disparó por error al confundirla con un intruso. Sin embargo, el testimonio del vecino también condena al corredor paralímpico: oyó unos gritos de mujer procedentes del cuarto de baño que él podía ver desde su ventana, con las luces encendidas y una silueta moviéndose en su interior.

Si una mujer gritaba por su vida, tal y como relató Stipp, desde un cuarto de baño iluminado, es imposible que Óscar disparara contra la puerta del cuarto de baño creyendo que su novia se encontraba en la cama y que en el interior del habitáculo del inodoro se ocultaba un ladrón. Los gritos respaldan además, la tesis de la Fiscalía de que el tiroteo se produjo durante una discusión de pareja.

Por eso, el implacable abogado de Pistorius, Barry Roux, volvió de nuevo sembrar las dudas en la declaración de los testigos de la acusación, una estrategia que empieza a dar sus frutos.

El equipo defensor insiste en que los gritos de mujer antes de los disparos que escucharon los vecinos bien podrían tratarse del propio Óscar Pistorius, dando alaridos desconsolados, y que esos impactos posteriores no eran disparos sino el impacto del bate de cricket que supuestamente utilizó romper la puerta y liberarla.

Johan Stipp aseguró que cuando se despertó oyó una discusión entre un hombre y una mujer, seguida de ruidos similares a disparos, gritos de mujer y más sonidos similares a disparos, lo que sirvió a Barry Roux para sembrar de nuevo la duda sobre cuántos tiros se produjeron y a cuestionar la investigación y todo el caso de la Fiscalía.

La defensa lo lleva a su terreno
El juicio contra Óscar Pistorius avanza y la defensa logra poco a poco llevarse el caso a su terreno, haciendo más plausible la versión del deportista sudafricano. Pero aún permanecen los testimonios de una pelea anterior al suceso que Barry Roux no ha conseguido deshacer, y que podrían llevar a Pistorius a la cárcel.

Oscar Pistorius está siendo juzgado en Tribunal Superior de Pretoria por el supuesto asesinato de su novia Reeva Steenkamp, a la que mató tras disparar en cuatro ocasiones a través de la puerta del cuarto de baño de su domicilio en el complejo residencial de Silverwoods (Pretoria). La Fiscalía sostiene que Pistorius le disparó intencionadamente tras una discusión, mientras él mantiene que la mató por error, al confundirla con un intruso que se ocultó en el cuarto de baño.

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