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viernes, 15 de enero de 2010

PUERTO PRINCIPE,LA CAPITAL DE HAITI,PADECE UNA MEZCLA DE VIVOS Y MUERTOS EN UN CAOS DE RUINAS Y ESCOMBROS.









PUERTO PRÍNCIPE. La capital de Haití, el país más pobre de América, es desde el martes pasado una herida abierta, donde los muertos y los vivos se mezclan entre ruinas y escombros.

El terremoto de 7 grados Richter, seguido de tres réplicas de 5,1 a 5,9 grados, que sacudió a Haití ha convertido las calles de Puerto Príncipe en un hervidero de miles de personas que lo invaden todo, algunas por miedo a regresar a sus casas y otras porque ya no tienen techo, y a la vez en un cementerio, pues los cuerpos que van siendo sacados de entre los escombros son ubicados en las calles y en todas partes de la ciudad, mientras que otros son trasladados a los lugares apartados para evitar más escenas de dolor.

Hasta el cierre de esta edición no había una cifra oficial de muertos. Sin embargo, el primer ministro haitiano, Jean Max Bellerive, aseguró que podrían llegar a los cientos de miles.

Puerto Príncipe, una ciudad que no sabe de planificación ni de urbanismo y donde se calcula que viven dos millones de personas, se ha llevado la peor parte de esta nueva tragedia que enluta al pueblo haitiano. El epicentro del peor de los sismos que ha vivido Haití se situó a tan solo 15 kilómetros de la capital.



Durante el sismo un testigo de la agencia EFE vio como las calles temblaban sin parar, la gente salía descontroladamente de sus vehículos y viviendas y corría sin rumbo, mientras las vías se abrían, y las infraestructuras empezaban a caer. La luz se cortó de repente, por lo que la ciudad permanecía a oscuras con miles de personas que corrían, lloraban y gritaban.

Cientos de edificios, entre los que está El Parlamento, la sede de la ONU la oficina de renta, tres hoteles de lujo, la embajada de Francia y varios hospitales se han venido abajo, la mayoría en la parte alta de la ciudad, donde varias personas se agrupaban en espera de ayuda, otras buscaban en medio del dolor de sus heridas a sus familiares y todas lloraban al ver sus viviendas destruidas, mientras se daban consuelo.

En todas las vías y plazas principales se ven aglomeraciones humanas. Algunos de esos grupos están dedicados a la ingente tarea de retirar escombros en busca de supervivientes o cadáveres.

Para la ONU, la tragedia también les afecto directamente, pues al menos 14 miembros de sus misiones internacionales perdieron la vida, entre ello el jefe civil de la ONU en Haití desde 2007, Hedi Annabi, mientras que otros 56 resultaron heridos.

Los sobrevivientes y testigos de la "CATASTROFE", que fueron entrevistados por la prensa extranjera, contaron los momentos de dolor que se vivió en la capital haitiana minutos después del terremoto: se escuchaba en varias partes de la ciudad los gritos de la gente atrapada entre los escombros, mientras simultáneamente se veía a niños, jóvenes y adultos caminar por la calle con heridas abiertas, que expulsaban mucha sangre, fracturas de craneales, mientras la gente expresaba su impotencia porque no había ayuda.

Hasta el cierre de esta edición centeneras de heridos eran atendidos por las misiones humanitarias de todo el mundo, que llegaron en el transcurso del día a Haití. Unos 800 heridos fueron atendidos por médicos cubanos, y otros 850 por la misión argentina, entre otros.

Por otro lado, el ministro haitiano de Asuntos Exteriores, Lawrence Cannon, anunció que gracias a la tecnología los socorristas rescataron a un ciudadano canadiense, quien envió un mensaje de texto mientras se encontraba bajo los escombros. El hombre logró enviar su ubicación exacta gracias al GPS de su celular.

Por otro lado, un desfile incesante de haitianos llegan con rostros de desesperación a buscar noticias de sus familiares en una iglesia católica de Little Haiti, en Miami, donde lloran y rezan para que el terremoto en ese país haya dejado vivos a quienes más quieren. Actualmente, se calcula que unos 400 mil haitianos viven en los EEUU.

Roudeline Jason, una haitiana que vive en los ESTADOS UNIDOS al igual que cientos de sus compatriotas trataban de comunicarse sin ningún éxito a su país de origen para conocer si sus familiares se encontraban con vida. "Espero que mi mamá se haya salvado. Está en el peor lugar del desastre, todo está destruido. No puedo creerlo", dijo Roudeline.

Las noticias sobre esta catástrofe coparon la atención de los medios en todo el mundo. Las ediciones digitales de los diarios más prestigiosos y las redes sociales contaban minuto a minuto la vivencia de los sobrevivientes a través de sus corresponsales.

Testimonios, fotografías y videos fueron colgados en la Internet, en uno de ellos -que fue grabado por un celular- mientras se desarrollaba el terremoto una mujer adulta gritaba desesperadamente que llegó el fin del mundo.



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