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viernes, 11 de febrero de 2011

COMO ERA SER GAY EN LO AÑOS 60 ..ESTE FOTOGRAFO LO DEJO ESCRITO..ROBERT HENRY MIZER ..


Robert Henry Mizer, o Bob, Fotógrafo y cineasta norteamericano de temática gay, dedicó los primeros 24 años de su carrera al desnudo masculino desde su objetivo más conservador y puritano, siempre rondando, pero nunca cruzando, la línea entre el erotismo y la pornografía, insinuando, pero sin ofrecer nunca un desnudo integral.
Portada del libro editado por Taschen.
Portada del libro editado por Taschen.

Delia Mizer, su madre, tenía una casa de huéspedes en un barrio de Los Ángeles, no de los mejores. Allí trabajaban ella y Bob, compartiéndolo todo. Bob ayudaba en el motel de nueve habitaciones en el que ambos vivían, y Delia echaba una mano a su hijo en sus sesiones fotográficas. A pesar de que nunca llegó a aprobar las tendencias sexuales de Bob, Delia cedió ante el trabajo de su hijo por el dinero que obtenía, eso sí, siempre respetando unos estrictos límites.
Así, Mizer trabajaba haciendo fotografías y rodando películas para su 'Athletic Model Guild' y su publicación 'Physique Pictorial', la primera revista explícita gay en una Norteamérica que salía de la Segunda Guerra Mundial, en 1945. Utilizando siempre el blanco y negro y el manto de 'arte', Bob esquivó la censura y floreció en el negocio. Hombres salidos de lo más negro de las calles, buenos chicos con buenos cuerpos, amigos suyos, gente conocida o sin experiencia... El propio Arnold Schwarzenegger, hoy gobernador de California, posó para él en su mejor momento, allá por 1975.

La muerte de su madre fue punto de inflexión

Con la muerte de Delia los límites se acabaron. Bob Mizer se desató. No lo dudó. Dejó a un lado los velos y las sugerencias y se adentró en un mundo de instintos, aquel retenido en su interior por las estrictas normas de su madre, a la que siempre respetó.
Fotografía de Bob Mizer. | Taschen
Fotografía de Bob Mizer. | Taschen



Ahora, su casa de huéspedes se convirtió en su particular Mansión Playboy, y los 'conejitos' de este "Hugh Hefner de la industria editorial gay" vivieron en sus habitaciones, en sus patios y jardines tendidos en sofás, junto a pollos, cabras, monos, árboles de navidad, ruedas de carromato y toda la parafernalia que Mizer imaginaba para ambientar sus fotografías y vídeos.



Brincando, sobre motos, atizando un saco de arena, en el agua, luchando, encadenados, desparasitados por monos, vestidos de cowboys, azotados o en alta mar... sus modelos hacían realidad todas las fantasías de Mizer, y sus seguidores, cuyos ojos parecían insaciables.

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